Clarín – Colonia Belgrano: el pueblo que le ganó al coronavirus y la cuarentena con cuidado y solidaridad

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No hubo ningún caso

Colonia Belgrano: el pueblo que le ganó al coronavirus y la cuarentena con cuidado y solidaridad

Esta localidad fue noticia el año pasado por haber recibido a 15 familias que decidieron abandonar la ciudad. Hoy, estos nuevos vecinos cuentan cómo es la vida en este remanso en el oeste de Santa Fe.

Mauro Aguilar

Fernando Guevara, en su peluquería de Colonia Belgrano. Sus clientes le pagaron cortes anticipados.

Si Colonia Belgrano suele ser un remanso, si al llegar a esa tierra de 22 mil hectáreas ubicada en el centro oeste de Santa Fe impacta la calma, ahora que la pandemia de coronavirus sobrevuela al mundo y se impone la cuarentena​, todo parece detenido. No hay bicicletas ni chicos correteando con libertad por las calles. No hay saludos cruzándose de vereda en vereda. Todos comprendieron que debían cuidarse para cuidar al otro. Y por un tiempo será así.

No es el único rasgo saliente que podría destacarse con la llegada del coronavirus, del que aquí no tienen registros de contagio: más allá del aislamiento social, la compleja situación profundizó lazos de afecto y de respeto, y renovó muestras de solidaridad.

Esta comuna fundada en 1883 se ganó un espacio en los medios de comunicación del país y del mundo al ofrecer la curiosa historia de 15 familias que abandonaron las ciudades más grandes de Santa Fe como parte de un programa que busca repoblar comunidades rurales.

La experiencia fue impulsada por la ONG Es Vicis, una fundación suiza con emprendedores globales. “Bienvenidos a mi pueblo” tuvo en ésta, su prueba piloto, un éxito rotundo. Las 15 familias elegidas, con proyectos comerciales cuidadosamente estudiados, se integraron a la vida del pueblo y creen hoy estar en un paraíso que ni el acechante coronavirus ha logrado afectar. Por el contrario. La crisis sanitaria expuso otros rasgos que no tienen valor tangible.

Joana Ojeda llegó a Colonia Belgrano hace casi tres años. Abandonó la capital de Santa Fe pensando en cambiarle la vida a sus hijos de 4, 11, 13 y 17 años. “Hice la mejor elección”, opina.

“Si estuviéramos allá, encerrados en un departamento sin patio, no sé cómo hubiésemos subsistido”, reconoce. Allá es la gran ciudad. Acá es el pueblo en el que se viven situaciones curiosas. Ella enumera apenas algunas: “La gente es solidaria. Si tenés que ir al cajero una vez al mes te organizás con dos o tres, uno lleva la tarjeta de todos y cobra. La confianza es lo primero”.

Lo mismo sucede si tienen que viajar a Rosario o Santa Fe para comprar mercadería. Se reúnen varios, programan lo que se necesita y uno se encarga. “Así no tenemos que salir 20 familias”, explica.

Cuando ella debió exponer su proyecto laboral para ser aceptada como una de las nuevas habitantes de Colonia Belgrano, mostró sus habilidades para confeccionar calzados para pequeños de hasta dos años. La capacitaron. Le explicaron cómo debía proyectarlo para realizar ventas online.

Hoy no termina de comprender la explosión que experimentó con sus productos: pasó de vender 15 pares por semana a mil. Le piden hasta de Ushuaia. Su esposo renunció al trabajo para acompañarla y hasta los chicos ayudan a confeccionar la mercadería.

A ella la cuarentena no la afectó laboralmente, pero otros sí encontraron escollos. Pero también una solidaridad impensada. Fernando Guevara tiene 46 años. Es peluquero y técnico en refrigeración. Llegó al pueblo escapando de la inseguridad que sufría en Villa Gobernador Gálvez, al sur de Rosario. Lo acompañaron su esposa y sus dos hijas, de 6 y 15 años.

Ahora siente que vive en otro mundo. Pone un ejemplo: Ema, su hija adolescente, olvidó un día el celular en un banco de la plaza. Volvió una hora más tarde y el aparato estaba en el mismo lugar.

Colonia Belgrano, el pueblo que eligieron para vivir 15 familias de la ciudad. (Juan José García)

Con la crisis sanitaria, con el trabajo en pausa, admite que la situación lo inquietó. “Los pocos pesos que teníamos los habíamos gastado. Ya estábamos medio angustiados. Pero acá no dudó nadie”, explica a Clarín. ¿Qué sucedió? Algo Fernando no termina de comprender y de agradecer. En forma “directa e indirecta”, les ofrecieron ayuda económica. “No hace falta que me devuelvas nada”, le decían.

Cristina, la propietaria del local donde tienen montada la peluquería, ofreció no cobrar el alquiler por dos meses. “Para que ustedes se puedan recuperar”, les explicó. Con René, quien les renta el espacio para el taller de refrigeración, solucionaron el tema de otra manera. Fernando le reparó el tablero eléctrico y René, en un gesto cargado de generosidad, consideró que de esa manera estaban saldado dos meses de alquiler. Fernando insistía frente a sus locadores que no era necesario, que el trabajo se recuperaría y que eso les permitiría ponerse al día. No pudo detener esos y otros gestos que lo desbordan. Otro ejemplo: clientes, a los que llama “amigos”, le anticipaban el pago de cortes o trabajos más costosos.

“Son cosas que no te esperás y que te dejan medio helado. Acá la gente se pone en el lugar del otro y se preocupa”, explica. Ahora que la actividad comenzó a reactivarse, él no para de agradecer todos esos gestos.

A Victoria Ubeda –38 años, dos hijos, llegada desde Rosario– también la abrazaron con afecto, con confianza, con solidaridad. Ella maneja un remís y junto a una amiga poseen un espacio de terapias holísticas. Esas actividades se detuvieron por completo.

Con tapabocas. Dos vecinas de Colonia Belgrano.

Pero Victoria no estuvo ni una semana de brazos cruzados. Una amiga la convocó para trabajar en un supermercado del pueblo, donde el trabajo se multiplicó. En las primeras semanas de aislamiento se dispuso que nadie fuera a los comercios, por lo que a través de llamados y mensajes de texto se recibían pedidos y se llevaban casa por casa. De esa forma evitaban la circulación de vecinos.

Acá no sos un número. Sos una persona con nombre y apellido. La palabra tiene valor y vos podés decir ‘aguantame que este mes no puedo’. A mí me pasó que estuve una semana parada y empecé a trabajar en el súper. No llegué a notar la falta económica”, explica.

El modelo de Colonia Belgrano se encuentra hoy en una etapa “de escala en diferentes países del mundo”, según explica Cintia Jaime, fundadora de Ed Vicis. En Argentina la iniciativa podría replicarse en otras comunidades rurales. Para ello es necesario tejer alianzas público-privadas.

En tres años, Colonia Belgrano tuvo un crecimiento del 10% en su población, las 15 familias que se mudaron generaron 23 nuevos emprendimientos, mejoraron sus ingresos en 40% y demandan empleo local, que aumentó un 15%. Cuando se lanzó el programa se anotaron más de 20.000 familias para participar.

Los responsables de Ed Vicis subrayan que la pandemia exhibió la fragilidad de las grandes ciudades: falta de servicios, contaminación, hacinamiento. Condiciones que obligan a insistir con la necesidad de generar una balanza territorial equilibrada.

En Colonia Belgrano la cuarentena se impuso con rigor. Se cerraron dos de las entradas al pueblo, se impusieron protocolos, se restringió la circulación de personas y hasta se desinfectaban los automóviles que ingresaban en la localidad. Sólo se conoció un contagio de coronavirus cercano: un muchacho que volvió a Gálvez –distante a 30 kilómetros– desde Brasil y que trabaja en un emprendimiento de la zona. Rápidamente se lo aisló, por lo que la situación pudo controlarse.

Los nuevos vecinos agradecen lo que consideran un elemento clave, ahora y siempre: la atención en salud. El Sistema para la Atención Médica de la Comunidad (SAMCo) y el Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) tienen ambulancia propia. También está a disposición el móvil de bomberos para atender emergencias. En una hora es posible llegar a Santa Fe y en 30 minutos a Gálvez, el mismo tiempo que demoraría la llegada de una ambulancia a un barrio en las grandes ciudades.

Joana puede dar fe de ello. Su hijo sufría ataques de asma. Lo primero que averiguó fue el tema de la prestación sanitaria. Le dieron garantías y las comprobó al instalarse. “Hay personal capacitado, ambulancias, mucho conocimiento con las cuestiones respiratorias. Lo han atendido a Bauti las primeras veces que sufrió alguna crisis. La parte humana nos deja tranquilos. Pueden venir a tu casa a cualquier hora. Estamos mejor acá que en la ciudad”, asegura.

“Acá nos cambió la vida. No volvería por nada”, cuenta Fernando. Todos coinciden en eso. “No me voy a arrepentir jamás de la decisión que tomé”, añade Victoria. Entre enero y febrero, antes de que se impusiera la cuarentena, los llamados y los mails para conocer detalles sobre la experiencia “Bienvenidos a mi pueblo” no cesaban. La idea de cambiar el estilo de vida sobrevuela a miles. El territorio argentino ofrece, para todos ellos, una gran noticia: modelos como el de Colonia Belgrano pueden replicarse. Cientos de veces, si fuera necesario.

Rosario. Corresponsal